El museo madrileño dedica una gran exposición al pintor danés Vilhelm Hammershøi
El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta Hammershøi. El ojo que escucha, una exposición que invita al visitante a detenerse, observar y experimentar el silencio a través de la pintura. Se trata de la primera gran retrospectiva en España dedicada al artista danés Vilhelm Hammershøi, una figura clave del arte europeo de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Un pintor de interiores y atmósferas
En primer lugar, la muestra recorre la trayectoria artística de Hammershøi a través de una cuidada selección de óleos y dibujos que reflejan su universo personal. Sus obras, dominadas por una paleta de grises, blancos y tonos apagados, representan interiores domésticos casi vacíos, figuras de espaldas y espacios atravesados por una luz tenue y contenida.
Estos escenarios, lejos de ser meras representaciones arquitectónicas, transmiten una profunda sensación de quietud que se convierte en uno de los rasgos más reconocibles del artista.
El significado de “El ojo que escucha”
Por otro lado, el título de la exposición propone una lectura sensorial de la obra de Hammershøi. La expresión “el ojo que escucha” sugiere una forma de mirar que va más allá de lo visual, donde el silencio, el ritmo y la pausa adquieren un protagonismo esencial.
Así, cada cuadro parece invitar al espectador a una experiencia contemplativa, en la que el tiempo se ralentiza y la atención se centra en los pequeños detalles.
Un diálogo con la modernidad
Además, la exposición sitúa a Hammershøi en diálogo con otros artistas y corrientes que exploraron la soledad, la introspección y la geometría del espacio. Su obra se relaciona con la pintura holandesa del siglo XVII y, al mismo tiempo, anticipa sensibilidades modernas que más tarde aparecerán en artistas como Edward Hopper.
De este modo, el recorrido permite comprender cómo Hammershøi fue un creador adelantado a su tiempo.
Una experiencia para mirar despacio
En definitiva, Hammershøi. El ojo que escucha no es solo una exposición, sino una invitación a mirar con calma en un mundo marcado por la velocidad. El Thyssen propone al visitante un recorrido íntimo y silencioso que convierte la observación en una experiencia casi meditativa, consolidando esta muestra como una de las citas culturales más destacadas de la temporada en Madrid.
