En el pequeño núcleo rural de Sierra de Ibio, con apenas 140 habitantes y situado en el municipio cántabro de Mazcuerras, una vivienda contemporánea se posa con la cautela de quien no quiere alterar el equilibrio de un paisaje que todavía se mantiene al margen de las transformaciones más agresivas del territorio. Así, en un entorno donde la arquitectura tradicional sigue dialogando con praderas, pastos y huellas productivas, este proyecto de casa de campo, obra del arquitecto Héctor Navarro, propone una forma de habitar respetuosa y consciente del lugar.
Una implantación medida en el territorio
En primer lugar, la vivienda destaca por una implantación cuidadosamente estudiada, que evita cualquier gesto de imposición sobre el terreno. El proyecto se adapta a la topografía existente y busca una relación directa con el paisaje inmediato, entendiendo el entorno como parte esencial de la arquitectura. De este modo, la casa se integra de forma natural en el tejido rural, manteniendo una escala doméstica coherente con las edificaciones tradicionales del lugar.
Reinterpretar lo rural sin imitarlo
Por otro lado, la propuesta no recurre a la reproducción literal de la arquitectura vernácula, sino que opta por una reinterpretación contemporánea de sus principios. La fragmentación volumétrica, el uso contenido de los materiales y la sobriedad formal permiten establecer un diálogo equilibrado entre pasado y presente. Así, la vivienda se reconoce como una arquitectura actual sin romper la armonía del conjunto paisajístico.
Habitar desde la calma y la permanencia
Finalmente, el proyecto plantea una reflexión más amplia sobre la construcción en el medio rural. La orientación, la relación entre interior y exterior y el control de las vistas refuerzan una forma de habitar ligada al ritmo natural del entorno cántabro. En consecuencia, esta casa de campo no solo responde a necesidades funcionales, sino que defiende una arquitectura discreta, duradera y profundamente arraigada al territorio.
