La reconocida fotógrafa mexicana presenta una muestra que recorre cinco décadas de trayectoria y profundiza en su mirada sobre la identidad, la cultura y el simbolismo.
Una figura esencial de la fotografía contemporánea
Graciela Iturbide, una de las fotógrafas más influyentes de América Latina, vuelve a situarse en el centro del panorama cultural con una exposición que revisa los momentos más significativos de su carrera. A lo largo de más de cinco décadas, la artista ha construido un lenguaje visual propio, caracterizado por la fuerza simbólica de sus imágenes y por una profunda conexión con las comunidades que retrata.
En esta nueva muestra, el público puede apreciar una selección de obras emblemáticas junto con fotografías menos conocidas, lo que permite entender la evolución estética y conceptual de su trabajo. De este modo, la exposición no solo celebra su trayectoria, sino que también invita a reflexionar sobre la permanencia de ciertos temas en su obra.
Identidad, tradición y ritual: los ejes de su obra
Desde sus primeras series en comunidades indígenas de México hasta sus retratos más íntimos y simbólicos, Iturbide ha explorado cuestiones relacionadas con la identidad cultural, la tradición y el papel de la mujer en la sociedad. Por ejemplo, su célebre imagen Nuestra Señora de las Iguanas se ha convertido en un ícono de la fotografía mexicana y en un símbolo de resistencia y orgullo cultural.
Asimismo, la fotógrafa ha trabajado en distintos países, documentando realidades diversas sin abandonar su sensibilidad poética. En consecuencia, sus imágenes trascienden lo meramente documental para situarse en un territorio donde conviven lo real y lo simbólico.
Un diálogo entre lo cotidiano y lo extraordinario
Uno de los aspectos más destacados de la obra de Iturbide es su capacidad para encontrar lo extraordinario en escenas aparentemente cotidianas. A través del uso del blanco y negro, la artista enfatiza las texturas, los contrastes y la composición, creando atmósferas cargadas de significado.
Además, su formación bajo la tutela del maestro Manuel Álvarez Bravo marcó profundamente su mirada. Sin embargo, con el paso del tiempo, Iturbide desarrolló un estilo propio que combina intuición, paciencia y una relación cercana con las personas fotografiadas. Por lo tanto, cada imagen surge de un proceso de observación prolongada y respeto mutuo.
Reconocimientos y proyección internacional
A lo largo de su carrera, Graciela Iturbide ha recibido numerosos premios y distinciones internacionales, consolidándose como una figura clave en la historia de la fotografía contemporánea. Sus obras forman parte de colecciones permanentes en museos de Europa, Estados Unidos y América Latina.
En este sentido, la nueva exposición reafirma su vigencia y su influencia en generaciones más jóvenes de fotógrafos. De hecho, críticos y especialistas coinciden en que su trabajo continúa ofreciendo nuevas lecturas sobre la relación entre imagen, memoria y territorio.
Una invitación a mirar con profundidad
Finalmente, esta muestra no solo representa un homenaje a la trayectoria de Iturbide, sino también una invitación a detenerse y observar con mayor atención el entorno que nos rodea. A través de su lente, la fotógrafa demuestra que la imagen puede ser un puente entre culturas y una herramienta para comprender la complejidad humana.
Así, Graciela Iturbide confirma, una vez más, su lugar como una de las grandes narradoras visuales de nuestro tiempo.