Un enclave privilegiado con herencia europea
En lo alto de una colina en Greenwich, Connecticut, se erige una de las propiedades más icónicas vinculadas al diseñador Tommy Hilfiger: una majestuosa mansión de estilo château francés que domina el paisaje con vistas panorámicas hacia Long Island y el perfil lejano de Manhattan.
Construida en 1939 por el promotor Charles Vincent Paterno, la residencia combina el romanticismo arquitectónico europeo con el refinamiento contemporáneo que define el universo estético del creador estadounidense. La fachada de piedra, parcialmente cubierta de hiedra, aporta un aire señorial que refuerza su carácter histórico y exclusivo.
Interiores concebidos para el lujo y la intimidad
En el interior, la propiedad despliega seis suites con baño privado, amplios salones de recepción y diversas áreas de estar diseñadas tanto para encuentros sociales como para el descanso personal. Asimismo, una sala de cine privada y una cava con espacio de degustación elevan la experiencia doméstica a la categoría de club privado.
Por otro lado, el gimnasio integrado en la vivienda refleja la apuesta por un estilo de vida equilibrado, donde bienestar y sofisticación se entrelazan sin esfuerzo.
Exteriores que evocan un resort privado
La finca, rodeada de casi nueve hectáreas de jardines cuidadosamente diseñados, incluye piscina, cancha de tenis, invernadero y una casa independiente para huéspedes. En este contexto, la propiedad no solo garantiza privacidad absoluta, sino que ofrece una experiencia residencial comparable a la de un resort cinco estrellas.
Las fuentes ornamentales y los amplios espacios verdes completan una escenografía que conjuga naturaleza y arquitectura con armonía impecable.
Una extensión del universo Hilfiger
Finalmente, esta mansión representa mucho más que una inversión inmobiliaria de alto nivel. Se trata de una manifestación arquitectónica del legado Hilfiger: tradición reinterpretada, elegancia clásica y un lujo discreto que nunca pierde vigencia.