La reina Sirikit de Tailandia permanece como una de las figuras más influyentes y respetadas de la filantropía asiática contemporánea. Esposa del recordado rey Bhumibol Adulyadej (Rama IX) y madre del actual monarca, su legado trasciende el tiempo y el protocolo, consolidándose como una obra profunda, silenciosa y transformadora que sigue marcando la vida social y cultural del país.
Desde los primeros años de su reinado, la reina Sirikit concibe la filantropía como una responsabilidad estructural del poder, orientada al bienestar real de la población. Su acción se centra especialmente en las zonas rurales, convencida de que el progreso de Tailandia solo es posible si alcanza a las comunidades más vulnerables. Su visión no se limita a la asistencia puntual, sino que impulsa modelos de autosuficiencia, dignidad económica y cohesión social.
Uno de los ejes fundamentales de su obra es la preservación de la artesanía tradicional tailandesa. A través de la Fundación SUPPORT (Foundation for the Promotion of Supplementary Occupations and Related Techniques), creada en 1976, la reina reactiva oficios ancestrales —especialmente textiles y técnicas artesanas— que se encontraban en riesgo de desaparición. Esta iniciativa no solo protege el patrimonio cultural del país, sino que genera ingresos estables para miles de familias, en particular mujeres, fortaleciendo su autonomía y su papel dentro de la estructura social.
Su compromiso se extiende también a la salud, la nutrición y el desarrollo comunitario. La reina Sirikit impulsa programas de asistencia médica en regiones remotas, apoya campañas de mejora alimentaria y colabora activamente en proyectos destinados a combatir la pobreza estructural. Su estilo, siempre discreto y constante, evita el protagonismo personal y se centra en la eficacia y la continuidad de las acciones.
En el ámbito medioambiental, su figura destaca como precursora de una conciencia ecológica que hoy resulta imprescindible. La reina promueve iniciativas de reforestación, conservación de recursos naturales y protección de ecosistemas clave, entendiendo que el equilibrio entre naturaleza y comunidad es esencial para el futuro del país. Para ella, la sostenibilidad no es un concepto abstracto, sino una condición indispensable del bienestar colectivo.
La filantropía de la reina Sirikit se integra de forma coherente con la filosofía de desarrollo impulsada junto al rey Bhumibol, basada en la moderación, la autosuficiencia y la responsabilidad social. Juntos configuran un modelo de monarquía profundamente conectada con su pueblo, en el que el privilegio se ejerce como servicio y la tradición se convierte en motor de progreso.
Aunque la reina ha fallecido, su presencia sigue viva en las comunidades que transforma, en las tradiciones que preserva y en los programas que continúan activos. Su legado no se mide en homenajes ni en reconocimientos oficiales, sino en oportunidades creadas y en una visión de filantropía que, a 1 de enero de 2026, continúa inspirando a Tailandia y al mundo.
