Desde Zaragoza al radar internacional del lujo silencioso, Laganini se ha convertido en una de esas marcas que crecen con discreción, coherencia y un magnetismo difícil de ignorar. Sus chaquetas —estructuradas, atemporales y exquisitamente confeccionadas— han conquistado a Amelia Windsor, icono de estilo y miembro de la nueva aristocracia europea, confirmando el alcance global de esta firma española emergente.
Artesanía moderna con ADN mediterráneo
Fundada por la diseñadora Ángela Jordá, Laganini nace con una filosofía clara: crear prendas pensadas para perdurar. Cada pieza se diseña y confecciona en España, en talleres locales, apostando por tejidos nobles y procesos responsables. El nombre de la marca, inspirado en la expresión croata laganini —vivir despacio—, resume su visión de la moda: menos ruido, más esencia.
La chaqueta como pieza icónica
Si hay una prenda que define el universo Laganini, es la chaqueta. De líneas depuradas, patronaje impecable y una elegancia sin artificios, se ha convertido en su sello distintivo. No es casualidad que figuras como Amelia Windsor hayan apostado por ella: sus diseños encajan a la perfección con una estética sofisticada, moderna y consciente, muy alineada con el nuevo lujo europeo.
Del lujo silencioso al reconocimiento internacional
Lo que comenzó como un proyecto online ha evolucionado hacia una marca con identidad sólida y proyección internacional. La apertura de su primer espacio físico en Zaragoza ha reforzado su posicionamiento como firma de autor, mientras su presencia en editoriales, eventos privados y armarios influyentes confirma que Laganini ya no es una promesa, sino una realidad en el mapa del lujo contemporáneo.
Una nueva narrativa para la moda española
En un momento en el que el lujo redefine sus códigos, Laganini representa una nueva narrativa: sostenibilidad real, producción limitada y un diseño que huye de tendencias efímeras. Una marca que no busca vestir a todos, sino conectar con quienes entienden la moda como una inversión emocional y estética.
