Lewis Hamilton no solo ha construido una carrera legendaria en la Fórmula 1, sino también un sólido patrimonio inmobiliario. El piloto británico ha invertido en dos de las ciudades más exclusivas del mundo —Mónaco y Nueva York— con propiedades que superan los 40 millones de dólares en conjunto, consolidando así una estrategia que combina estilo, ubicación y visión empresarial.
Mónaco: residencia en el corazón de la Fórmula 1
En primer lugar, su presencia en Mónaco responde tanto a razones profesionales como estratégicas. El Principado es uno de los enclaves más codiciados por los pilotos, no solo por su atractivo fiscal, sino también por su estrecha vinculación con el calendario del campeonato.
La vivienda de Hamilton destaca por su diseño ultra contemporáneo, amplios ventanales con vistas al Mediterráneo y terrazas panorámicas. Predomina el minimalismo elegante, los espacios abiertos y la integración tecnológica, elementos que reflejan un estilo de vida moderno y funcional.
Nueva York: lujo vertical frente al Hudson
Por otro lado, en Manhattan el campeón posee un espectacular ático con vistas al río Hudson y al skyline neoyorquino. La propiedad apuesta por fachadas acristaladas, techos altos y acabados de lujo, manteniendo una línea estética coherente con su residencia europea.
Además, el edificio ofrece servicios exclusivos como seguridad permanente y zonas comunes de alto nivel, reforzando el carácter premium de la inversión.
Más allá del lujo, ambas propiedades comparten un factor determinante: su ubicación estratégica. Mientras Mónaco lo mantiene conectado al epicentro del automovilismo europeo, Nueva York lo sitúa en uno de los principales centros financieros y culturales del mundo.
En definitiva, Lewis Hamilton ha trasladado su mentalidad competitiva al sector inmobiliario, apostando por enclaves de primer nivel que consolidan su imagen como figura global y empresario más allá del deporte.
