Un cronógrafo que superó las pruebas más extremas de la NASA
El Omega Speedmaster Professional no nació como un reloj espacial, pero su destino cambió en 1965, cuando la NASA lo certificó oficialmente para todas sus misiones tripuladas. Para lograrlo, tuvo que superar durísimas pruebas que incluían temperaturas extremas, vibraciones intensas, impactos y condiciones de vacío. Fue el único modelo que resistió sin fallos, lo que marcó el inicio de su vínculo con la exploración espacial.
La conquista de la Luna y el nacimiento del “Moonwatch”
Posteriormente, el Speedmaster alcanzó fama mundial el 20 de julio de 1969. Durante la misión Apolo 11, Buzz Aldrin descendió a la superficie lunar con este cronógrafo en su muñeca, convirtiéndolo en el primer reloj en pisar la Luna. A partir de ese momento, el modelo adoptó el sobrenombre de “Moonwatch” y se consolidó como un símbolo del logro tecnológico y humano.
Evolución tecnológica sin perder su esencia
Además, a lo largo de las décadas, Omega ha mantenido la estética clásica del Speedmaster —esfera negra, bisel taquimétrico y cronógrafo de tres contadores—, aunque incorporando avances mecánicos como el movimiento Co-Axial Master Chronometer. Esta innovación mejora la precisión, la resistencia magnética y la fiabilidad, adaptando el reloj a los estándares actuales sin alterar su identidad histórica.
Un icono vigente en el siglo XXI
En la actualidad, el Moonwatch sigue siendo una pieza clave tanto para coleccionistas como para entusiastas de la relojería. Incluso hoy, continúa vinculado al mundo aeroespacial, reforzando su legado como herramienta profesional y objeto de culto. Así, el Omega Speedmaster Professional no solo representa la excelencia relojera suiza, sino también el espíritu de exploración que llevó al ser humano más allá de nuestro planeta.