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Sinestesia: La alta gastronomía que se contempla, se escucha y se saborea

Por Redacción

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En una ciudad como Madrid, donde la oferta culinaria se reinventa a un ritmo vertiginoso, destacar exige algo más que técnica impecable o producto sobresaliente. Exige visión. En ese contexto surge Sinestesia, un espacio donde la gastronomía abandona su formato convencional para convertirse en una experiencia inmersiva que dialoga con la luz, el sonido y la emoción.

El arte de estimular los sentidos

Desde el primer instante, el comensal comprende que ha cruzado el umbral de un restaurante singular. La experiencia se desarrolla alrededor de una única mesa compartida, concebida como epicentro escénico de una narrativa cuidadosamente orquestada.

La propuesta se basa en un principio tan poético como científico: la sinestesia, ese fenómeno por el cual los sentidos se entrelazan. Así, cada pase del menú no solo se presenta en el plato, sino que se acompaña de proyecciones envolventes, cambios de iluminación y una composición sonora diseñada para amplificar la percepción del sabor.

De este modo, lo visual influye en lo gustativo; lo auditivo intensifica lo aromático. La cena se transforma, por tanto, en un viaje sensorial donde cada elemento tiene un propósito.

La cocina como lenguaje emocional

Detrás del proyecto se encuentra el reconocido chef Kiko Moya, cuya trayectoria en la alta gastronomía española avala una cocina técnica, reflexiva y profundamente contemporánea. Sin embargo, en Sinestesia el desafío va más allá del virtuosismo culinario.

El menú degustación —concebido como un relato en capítulos— explora contrastes de temperatura, textura y matiz con una intención clara: provocar emoción. No se trata únicamente de sorprender, sino de crear una memoria sensorial duradera.

Además, la sincronización entre cocina y escenografía exige una precisión milimétrica. Cada plato aparece en el instante exacto en que el entorno cambia, generando una coreografía donde sala y fogones funcionan como un solo organismo.

Exclusividad como parte del concepto

Otro de los pilares que define a Sinestesia es su formato íntimo. Con un número reducido de plazas por servicio, la experiencia adquiere un carácter casi privado. Esta limitación no responde únicamente al deseo de exclusividad, sino a la necesidad de preservar la intensidad y coherencia del espectáculo gastronómico.

En consecuencia, la velada se vive como un acontecimiento irrepetible. No hay distracciones externas; todo converge en la mesa.

Más allá de la cena: una nueva categoría

Sinestesia no compite únicamente con otros restaurantes de alta gama. En realidad, se sitúa en una categoría propia, a medio camino entre el arte contemporáneo, la performance y la cocina de autor.

Por ello, su público no se limita a amantes de la gastronomía, sino que incluye perfiles atraídos por la innovación, el diseño y las experiencias transformadoras. Es, en definitiva, un destino para quienes entienden el lujo no como ostentación, sino como vivencia extraordinaria.

El lujo del recuerdo

Finalmente, lo que distingue a Sinestesia no es solo la calidad de sus elaboraciones ni la sofisticación tecnológica que las envuelve. Es la capacidad de alterar la percepción del tiempo durante la velada y, posteriormente, de permanecer en la memoria.

Porque cuando los sentidos se entrelazan, la experiencia trasciende el momento. Y eso, precisamente, es el nuevo lujo.